Mi marido miraba tranquilo mientras su madre hurgaba en mi bolso y sacaba mis tarjetas. “Esto es para el presupuesto familiar”, escupió mi suegra, metiéndolas en su bolsillo. Veinte minutos después sonó su teléfono: un número desconocido. Contestó… y empezó a gritar como loca. Mi esposo se quedó pálido. Yo solo pensé: ¿quién la encontró… y qué sabe de mí?
Me llamo Lucía Navarro y aún me tiembla el pulso cuando recuerdo esa tarde en casa. Habíamos invitado a mi suegra, Carmen Rojas, a merendar. Mi esposo, Javier, dijo que “era importante mantener la paz”. Yo acababa de llegar del trabajo, dejé el bolso sobre la silla y fui a la cocina por café. Cuando…