Cuando mi marido me abofeteó por no cocinar porque tenía 40°C de fiebre, firmé los papeles del divorcio. Mi suegra gritó: «¿A quién crees que vas a asustar? Si te vas de esta casa, acabarás mendigando en la calle!» pero yo le respondí con una sola frase que la dejó sin palabras…
La noche que todo se rompió, yo, Laura Martín, tenía 40°C de fiebre y la piel ardiendo como si me hubieran metido en un horno. Llevaba dos días con escalofríos, la garganta hecha lija y un dolor en el pecho que me obligaba a respirar a sorbos. Aun así, Javier, mi marido, volvió del trabajo…