Pensé que sería una mañana normal: café, correos electrónicos y un beso de despedida a mi esposo. En cambio, encontré a mi hermana pequeña medio muerta en una zanja llena de barro, con la ropa desgarrada, el rostro hinchado y los dedos clavados en la tierra. Me agarró la muñeca, los ojos se le fueron hacia atrás, y con la voz ahogada logró pronunciar una sola palabra: «Ethan… tu marido…». Luego cayó en coma, dejándome con una única pregunta ardiendo en el pecho: ¿y si el hombre que amo es en realidad un monstruo?
Pensé que sería una mañana normal: café cargado, correos pendientes y un beso rápido a mi esposo antes de salir. Me llamo Laura Martínez, tengo treinta y cuatro años y llevaba una vida ordenada, casi aburrida, con Diego, mi marido desde hacía siete años. Pero ese martes, camino al trabajo, vi un destello extraño junto…