Estaba acostada en una cama de hospital, con una mano sobre mi vientre embarazado, cuando la puerta se abrió de golpe y ella siseó: “¿De verdad crees que por llevar a su hijo eres intocable?”. El corazón se me detuvo cuando me tiró del pelo y me empujó hacia abajo. Las enfermeras empezaron a gritar, las alarmas sonaron por toda la sala… y entonces entró mi padre, con la mirada helada. “Quita las manos de mi hija”, dijo. Ella se quedó paralizada… si tan solo supiera quién era él.
Estaba acostada en una cama de hospital, con una mano sobre mi vientre de siete meses y la otra aferrada a la sábana, intentando calmar la respiración. Me llamo Lucía Herrera, y hasta ese día creía que el dolor más grande sería el parto. La habitación olía a desinfectante, el monitor marcaba el latido de…