Estaba de pie frente al altar, con las manos temblando dentro del encaje, cuando mi futuro esposo se inclinó hacia mí y susurró: “Tu familia está en bancarrota. Ya no te necesito”. Esperaba que me derrumbara. En lugar de eso, tomé el micrófono. El corazón me latía con fuerza mientras la iglesia quedaba en silencio. “Necesito que todos escuchen esto”, dije. Lo que revelé a continuación lo cambió todo, y nadie estaba preparado para ello.
Estaba de pie frente al altar, con las manos temblando dentro de los guantes de encaje, escuchando el murmullo contenido de los invitados y el eco solemne de la iglesia de San Martín. Mi vestido había sido arreglado por mi madre durante semanas, y cada puntada parecía sostener mis nervios. A mi lado, Alejandro sonreía…