No sabía que ya podía oír. Mi marido tampoco. Cuando entró a la cocina con su madre y dijo en voz baja: “Tranquila, no se entera de nada… es como vivir con un mueble”, me quedé inmóvil. Cinco semanas fingiendo sordera y, en diez segundos, entendí exactamente qué lugar ocupaba yo en esa casa. No lloré. No me moví. Solo pensé: ¿qué hago ahora con todo lo que acabo de oír?
Me llamo Carmen Roldán, tengo 52 años y vivo en un piso modesto en Valencia.Durante cinco semanas fui “la sorda de la familia”. Así me llamaban sin mala intención, o eso creía. Una infección fuerte me dejó sin oído casi de golpe. Médicos, pruebas, silencio. Hasta que una mañana, de forma gradual, el sonido volvió….