Mi esposo me empujó contra el refrigerador y luego me dio un rodillazo tan fuerte que me rompió la nariz. Empecé a sangrar, temblando, y estiré la mano para agarrar mi teléfono, hasta que mi suegra me lo arrebató bruscamente. —Es solo un pequeño rasguño —dijo con desprecio. ¿Y mi suegro? Murmuró sin levantar la vista: —Qué dramática. No tenían la menor idea de lo que estaba a punto de hacer.
Nunca pensé que mi matrimonio con Javier Morales terminaría convirtiendo mi propia cocina en un campo de batalla. Aquella noche, una discusión absurda por dinero escaló en segundos. Javier me empujó contra el refrigerador con tanta fuerza que el golpe me sacó el aire. Antes de que pudiera reaccionar, levantó la rodilla y me pateó…