Mi hermano me estrelló contra el refrigerador y luego me dio un rodillazo tan fuerte que me rompió la nariz. Yo sangraba, temblaba, estirando la mano para alcanzar el teléfono… hasta que mi madre me lo arrancó de golpe. —Es solo un rasguño —me espetó. ¿Mi padre? Murmuró con desprecio: —Dramática. No tenían la menor idea de lo que haría después.
El golpe llegó sin aviso. Mi hermano Javier me estampó contra el refrigerador con tanta fuerza que los imanes cayeron al suelo. Antes de que pudiera reaccionar, levantó la rodilla y la hundió en mi cara. Sentí el crujido seco en la nariz y luego el calor espeso de la sangre bajándome por los labios….