Estaba a dos pasos de decir “sí, acepto” cuando la iglesia quedó en silencio… y los tacones de Vera resonaron contra el mármol. “Me opongo”, dijo, mirando más allá de mí. Se me hundió el estómago. Brewer no lo negó. La miró y susurró: “Te elijo a ti”. Luego, delante de todos, deslizó mi anillo en su dedo. No podía respirar. Y fue entonces cuando me di cuenta… esto no era mi final: era mi chispa.
Me llamo Ana Morales, y todavía puedo recordar el olor a incienso y a flores blancas en aquella iglesia elegante de Atlanta. Caminaba por el pasillo central con el vestido que había elegido con una mezcla de orgullo y nervios, pensando que por fin llegaba el día en que todo tendría sentido. Al frente me…