Ver a mi hija, la luz de mis ojos, durmiendo entre basuras mientras su marido brindaba con champán… eso cambia a un hombre. Fui a su mansión con la sangre hirviendo. Él intentó cerrarme la puerta, pero lo frené en seco: “Disfruta de tu última noche de paz, Alejandro”. No fui a pedir dinero, fui a dictar sentencia. ¿Queréis saber cómo se derrumba la vida de un millonario en un solo segundo?
La lluvia en Madrid tiene una forma particular de calar hasta los huesos, especialmente en las noches de noviembre cuando el viento del norte azota las avenidas. Yo caminaba con prisa hacia mi pequeño piso en Carabanchel, ajustándome la bufanda, cuando vi un bulto extraño cerca de la parada del autobús. Al principio, pensé que…