Volví a casa de mi viaje de negocios tres días antes de lo previsto, soñando únicamente con dormir. En el momento en que mi maleta tocó el suelo, escuché risas: voces de mujeres. Luego se abrió la reja. La voz de mi esposo. —Apúrense, antes de que ella regrese. El corazón me golpeó con fuerza contra las costillas mientras me deslizaba bajo la cama, con el polvo llenándome la boca. Los pasos se acercaron. Una sombra se detuvo a centímetros de mi rostro. Y fue entonces cuando lo comprendí… yo no debía estar allí.
Regresé a casa de mi viaje de negocios tres días antes de lo previsto. El vuelo había sido agotador y lo único que deseaba era una ducha caliente y dormir durante horas. Dejé la maleta en la entrada, cuidando de no hacer ruido, porque imaginé que mi esposo, Javier, estaría trabajando o quizá dormido. Pero…