Mi esposo dijo que iba a visitar a su hermano enfermo. Le creí… hasta que lo vi. El mismo restaurante. A solo tres mesas de distancia. Su mano le sostuvo el rostro mientras la besaba, despacio, con una familiaridad que me atravesó el pecho. Se me cortó la respiración. “¿Desde cuándo?”, me susurré a mí misma, inmóvil detrás de un biombo decorativo. Él reía con ella como si yo no existiera. En ese instante, el amor se hizo añicos…
Mi nombre es Lucía Fernández, tengo treinta y cuatro años y durante mucho tiempo pensé que tenía un matrimonio normal. Mi esposo, Javier Morales, y yo llevábamos ocho años juntos. No éramos perfectos, pero había confianza, o al menos eso creía. Por eso no dudé cuando aquella tarde me dijo que debía visitar a su…