Una niña aterrorizada susurró en una llamada al 112: —Mi papá y su amigo están borrachos… le están haciendo daño a mamá otra vez. Cuando la policía llegó minutos después, la escena dentro de la casa los dejó paralizados, y lo que descubrieron allí los perseguiría para siempre.
La llamada entró al 112 a las 2:43 de la madrugada. La operadora tuvo que subir el volumen para distinguir la voz casi inaudible de una niña.—Mi papá y su amigo están borrachos… —susurró—. Le están haciendo daño a mamá otra vez. Por favor, no cuelgue. La niña se llamaba Lucía Romero, tenía nueve años…