Llegamos a Grecia y, justo al bajar del taxi, mi hijo contestó una llamada. “Mamá, vuelvo en cinco minutos… es algo importante.” Nunca volvió. Pasé días en el lobby, rezando, mirando cada puerta. Una noche abrí su maleta: vacía. Mi pasaporte… desaparecido. Dos semanas después llegó un mensaje: “Perdóname, me están buscando. No confíes en nadie.” Pero lo peor fue ver el remitente… no era su número. ¿Entonces quién me escribió?
Me llamo Elena Márquez, tengo 52 años y creí que un viaje a Grecia con mi hijo Álvaro sería nuestro reencuentro definitivo. Llevábamos meses tensos: él evitaba mis preguntas, yo fingía no notar sus ojeras y su teléfono siempre vibrando. Aun así, cuando aterrizamos en Atenas, me tomó del brazo y sonrió como antes. “Hoy…