Cuando mi nuera dijo: “Te invito a almorzar por tus 77”, sonreí… hasta que el coche giró hacia una carretera interminable. “¿A dónde vamos?”, pregunté con la garganta seca. Ella ni parpadeó: “A un lugar para mujeres como tú. Allí estarás segura”. Mi corazón gritó que era mentira. Le escribí a mi abogada: “AHORA”. Y al ver las patrullas esperándonos… entendí: el peligro no era el destino, sino quien me llevaba.
Me llamo Carmen Ortega y cumplía 77 años cuando mi nuera, Lucía Navarro, me dijo con una sonrisa impecable: “Te invito a almorzar. Hoy tú mandas”. Me arreglé con cariño, me puse un vestido sencillo y un collar que guardo para ocasiones especiales. Subí a su coche pensando en una mesa bonita, una copa de…