En el día de su boda, Emily ve a su padre en el umbral: chaqueta gastada, manos temblorosas, un pequeño ramo de flores. Su sonrisa se endurece. —Seguridad —espeta—, saquen a este mendigo asqueroso. Yo no lo conozco. La voz de Daniel se quiebra: —Em… solo vine a bendecirte. Meses después, embarazada de una niña, su esposo rico escupe: —¿Una hija? Lárgate… esta misma noche. Ahora, sin hogar y temblando, Emily regresa a la única puerta que ella misma cerró de un portazo. Daniel la abre, con la mirada dulce: —¿Por qué estás tan delgada, cariño… has comido? Pero aquí viene el giro: lo que hay dentro de ese apartamento lo hará pedazos todo lo que ella creía saber…
El día de su boda, Lucía estaba radiante con su vestido blanco y una sonrisa ensayada frente a los invitados. La música, las copas, las flores… todo había sido planeado para lucir perfecto ante la familia de Álvaro, su prometido, un empresario joven y acomodado. Lucía no quería ni una sombra en ese escenario. La…